Diferencias entre costes fijos y costes variables

Costes fijos y variables. ¿Cómo diferenciarlos en una empresa?

A menudo, el lenguaje económico es utilizado sin mucho rigor. Ocurre día a día cuando hablamos de variables económicas: se utilizan indistintamente los términos ‘desempleo’ y ‘paro’, ‘renta’ y ‘riqueza’… sin tener en cuenta los errores que esto puede suponer. En el seno de la empresa ocurre lo mismo y, aunque no lo creamos, un Director General o mandos intermedios de una compañía no pueden tener dudas conceptuales básicas que pueden acarrear graves problemas. Hoy hablamos de diferencias entre costes fijos y variables.

Para responder a la pregunta que titula este artículo, primero tenemos que entender bien qué es un coste, que no es lo mismo que un gasto. Después, veremos más a fondo los tipos de costes en los que puede incurrir una empresa.

¿Cómo diferenciar entre coste, gasto y pago?

Es muy probable que, de la misma manera que ocurre con los ejemplos mencionados al principio, hayamos oído muchas veces utilizar los conceptos ‘coste y gasto’ de manera indiferenciada. Aunque a priori no parece un error demasiado grave, a la larga puede provocarnos fuertes desajustes en nuestras cuentas.

La economía y la empresa, al igual que otras disciplinas o ciencias, requieren de la utilización de un lenguaje propio que hay que utilizar de manera rigurosa. Es cierto que de manera coloquial utilizamos expresiones habitualmente como ‘¿cuánto cuesta?’, pero a la hora de hablar en términos contables, tenemos que tener más cuidado.

Así pues, ¿qué diferencias podemos encontrar entre un coste, un gasto y un pago? Primero, veamos las definiciones de cada uno de estos conceptos.

En este caso, la RAE no nos va a ayudar demasiado. Necesitamos acudir a enciclopedias y fuentes económicas para encontrar definiciones que nos permitan entender adecuadamente cada idea.

El coste es la cantidad de dinero que pagamos por adquirir activos, insumos o suministros que están directamente asociados a la actividad productiva principal de la empresa. Los costes más habituales son las materias primas. También consideramos como costes la mano de obra, porque, aunque no es un ‘activo’ como tal, es estrictamente necesaria para la producción.

El gasto, sin embargo, es cualquier cantidad de dinero que paga la empresa por otras actividades, también necesarias para el funcionamiento de la compañía, pero no directamente asociadas a la producción principal. Un ejemplo son los gastos de distribución, comercialización, la publicidad…

Es verdad que, al principio, la diferencia entre coste y gasto puede resultar complicada. El elemento diferenciador más importante entre coste y gasto es su relación con el producto.

Mientras que el coste tiene una relación directa con el producto, los gastos están relacionados con temas asociados a su logística. También hemos de saber que el coste, al aportar valor al producto y estar incluido directamente en el precio, recibirá inmediatamente un ingreso que lo cubra en el momento de la venta.

En su lugar, los gastos no tienen asociado directamente un ingreso, sino que se recuperarán de diversas formas: a través de beneficios, de otros ingresos…

Por último, el pago es el concepto que designa al acto de dar una cantidad de dinero, en el sentido de desembolsarlo, para cubrir alguna obligación. Así pues, un gasto siempre va a conllevar un pago, pero no tienen por qué suceder en el mismo momento. A veces podemos aplazar el pago de un gasto, y, de hecho, es más común.

Para entender aún mejor estos conceptos y sus diferencias tenemos que entender que cada uno de ellos ocupa lugares distintos en la contabilidad empresarial. Los costes son activos en nuestro balance. Los gastos van anotados en la cuenta de resultados.

Hoy en día no es necesario saber hacer asientos ni dominar la contabilidad, sino que normalmente se gestiona a través de un software o programa informático. Sin embargo, nunca viene mal entender los conceptos básicos.

Diferencias entre costes fijos y variables

Una vez entendido el concepto de coste de manera general, tenemos que diferenciar entre costes fijos y costes variables. Para ello, vamos a ver un poco de teoría general que nos será de ayuda para clarificar y entrar en situación con conceptos que quizás no hemos estudiado nunca o, aunque sí lo hayamos hecho, ya hemos olvidado.

Los costes fijos (CF) son aquellos que una empresa tiene que asumir siempre, ya sea que produzca mucho o poco. Al ser obligatoriamente necesarios para llevar a cabo la actividad principal, no pueden considerarse como gastos. A modo de ejemplo, tenemos el alquiler del local o de la maquinaria. Como maquinaria podemos designar a los ordenadores, no hace falta que pensemos en una gran planta industrial con grandes fábricas.

Por otro lado, los costes variables (CV) son aquellos que dependen de la cantidad producida. Un ejemplo es la materia prima. Si nuestro producto son camisetas, cuanto más produzcamos, más tela necesitaremos. Si reducimos la producción, requeriremos de menos tela y nuestros costes variables disminuirán.

La diferencia es bastante sencilla: las máquinas siempre van a estar ahí, pero la tela que compremos será una decisión más sencilla y flexible de adaptar al nivel de producción.

Para ver un ejemplo del sector servicios, imaginemos un restaurante. Nuestra empresa hostelera podrá variar sus costes variables (ejemplo: la mano de obra, es decir, los camareros) en función de la época de año, ya que no es lo mismo la demanda clientelar en agosto que en enero. Sin embargo, siempre tendrá que hacer frente al pago de su local: los costes fijos.

Los costes medios y marginales

Diferenciar entre costes fijos y variables es esencial, pero existen otros tipos o categorías de costes que también es necesario saber.

Los costes medios (CMe) serían la suma de los costes fijos y los costes variables divididos entre la cantidad producida.

La fórmula para el cálculo es: (CFMe + CVMe = CF/Q + CV/Q)

Estos costes nos permiten atribuir un coste a cada unidad del producto que vendemos.  De esta manera, nos sirven como orientación para fijar el precio. Ya hemos mencionado que los costes son parte del valor del producto y, lógicamente, tienen que ser inferiores a los precios.

El coste marginal (CMg), aunque puede parecer un concepto complejo, es realmente útil y necesario para entender el punto óptimo de unidades que debe producir una empresa.

Teóricamente, es el incremento o subida del coste total debido a la producción de una unidad adicional. Matemáticamente, es una derivada. A continuación, podemos ver una infografía que recoge todas las relaciones entre costes que hemos estado nombrando.

Infografía - fórmulas Costes fijos y variables

¿Para qué sirve el coste marginal?

Principalmente, para indicar el punto en el que tenemos que dejar de producir más o menos bienes. Veamos un ejemplo.

Imaginemos que estamos en un punto en el que producir una unidad de más requiere contratar otro trabajador. De manera muy probable, esto no nos va a salir rentable como empresa. El coste marginal es la medida que nos indica esto.

¿Qué son las economías de escala?

Para terminar, vamos a introducir este concepto que aparece de manera habitual cuando hablamos de costes. Las economías de escala tienen que ver con la situación en la que las empresas, cuando aumentan su producción, disminuyen sus costes medios. Para entenderlo mejor, utilizaremos un sencillo ejemplo.

Supongamos, para que sea más fácil de explicar, que en nuestra empresa o existen costes variables; es decir, nuestros costes fijos son los costes totales. Imaginemos que tengo una impresora 3D, que nos cuesta al mes 1000 euros. Mensualmente, hemos calculado que, produciendo 10 figuras, podremos venderlas todas. Así, mi coste medio es de 100 euros por figura.

Si ahora nuestra empresa ha conseguido crecer y cree que podrá vender 20 figuras de manera mensual, el coste medio disminuirá hasta los 50 euros. Esto significa que la empresa estaría aprovechándose de economías de escala.

Las empresas grandes consiguen economías de escala con más facilidad que las pequeñas, ya que pueden llegar a un mayor número de demandantes, sobre todo si son multinacionales que operan en el mercado internacional. Frente a estas, las pymes se encuentran más desfavorecidas y cuentan con ciertas dificultades para llegar a esos niveles de competitividad.

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